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Por extraños avatares de la distribución, llega a nuestras pantallas una producción de dibujos animados danesa, ahí es nada. Y, viéndola, uno se pregunta, entre otras cosas, si los Tadeo Jones patrios llegarán a Dinamarca (IMDb revela que sí) y si supondrán estrenos tan exóticos como este Marco Macaco lo es aquí.

En un sector tan dominado, aún más que el del cine de acción en vivo, si cabe, por la producción estadounidense como es el de la animación, siempre es una agradable sorpresa comprobar que existe una cierta viabilidad comercial para las propuestas de otros países, más allá de las contadas opciones que tenemos de ver alguna de las grandes obras francesas o japonesas (y aprovecharemos este momento para recordar que sigue sin estreno comercial en España una auténtica obra maestra como es El cuento de la Princesa Kaguya, de Isao Tahakata). Pero lo sería aún más si esta propuesta alternativa, si esta isla de la animación, fuera realmente alternativa, en lugar de tratar de parecerse lo máximo posible a los modos estéticos y narrativos de un Dreamworks o un Pixar.

Marco Macaco cuenta la historia del simio del título, un mono que trabaja como guardia en la playa de una isla dominada por un dictadorzuelo que se diría parodia de varios gobernantes latinoamericanos de dudosa legitimidad. Como los primates no parecen dedicarse a mucho más que relajarse en esa playa (y ya van dos estereotipos caribeños discutibles), nuestro protagonista tiene poco trabajo y su momento de mayor estrés lo causa la presencia en la arena de un flotador no identificado. Pronto llegará un artefacto algo más inquietante, un gigante robot-casino controlado por una especie de gorila, que en seguida nos resultará sospechoso y así, mientras los monos de la isla se dejan seducir fácilmente por las luces y placeres del casino, Marco será el único que descubra las aviesas intenciones del nuevo habitante de la isla, y, por supuesto, quien tratará de pararle los pies mientras intenta ganarse el amor una simia lozana.

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En fin, nada nuevo bajo el sol de esta isla, como puede verse. La trama sigue la más pura fórmula de la animación orientada a los niños, tratando de añadir como mucho algunos elementos de humor que captará mejor el público adulto, aunque esta mezcla de elementos infantiles y adultos ya es a estas alturas, también, parte de la fórmula copiada. Hay un protagonista torpe que, sin quererlo, se convierte en héroe, un villano con un plan diabólico, y una chica cuyo amor quiere conseguir el héroe… Tan viejo como Buster Keaton, pero, sobra decirlo, sin la misma gracia e imaginación. Se puede decir, eso sí, en el lado positivo, que esta vieja historia, que no es sino una mera excusa para el entretenimiento de niños y para hilar algunos chistes, entre los cuales alguno sí está conseguido, está contada con concisión, ritmo y humor. En sus menos de ochenta minutos va al grano, presenta y define personajes con soltura, y se mueve incluso con cierto frenesí que resulta atractivo, aunque tampoco estemos ante un Tex Avery danés. Pero en el lado negativo también se puede y se debe decir que la estética es ramplona, con un diseño de personajes en absoluto original, y con un acabado formal que dista de ser perfecto y está más cerca de una aventura gráfica diseñada para un ordenador personal hace alrededor de una década. Solo cuando introduce, en un par de momentos, la animación tradicional en dos dimensiones, se vuelve refrescante y diferente, y tiene un interés especial.

Y con ello, además de hacernos pensar en las posibilidades de un mercado para la animación no estadounidense, este Monkey Island venido a (no mucho) más nos puede hacer pensar también en el sentido, hoy día, de la animación en dos dimensiones: es muy curioso que, precisamente, uno de los momentos en que se utiliza esa animación tradicional es aquel en que se recrean las memorias infantiles del protagonista, como si la animación en 2D estuviera irremisiblemente asociada al pasado; sin embargo, el otro momento en que se utiliza es cuando los simios caen hipnotizados por un rayo mágico y entran en una especia de éxtasis lisérgico, como si la animación en 2D no solo fuera el terreno del pasado, sino también el de los estados de percepción más exaltados, el de la imaginación más desatada y más alejada del realismo. Quizá si los responsables de esta película se hubieran alejado de los modelos de la industria norteamericana y hubieran ahondado en esa vía de la imaginación estaríamos ante una película más apetecible. Tal y como está, es una opción moderadamente entretenida y divertida para llevar al cine a los niños, pero poco o nada más.

Aunque, mirándolo bien, tampoco era necesario que esta película introdujera momentos de animación en dos dimensiones para que pensáramos que en ese terreno la imaginación puede dispararse más que con las aspiraciones de fotorrealismo de las 3D más convencionalmente usadas: bastaría, por ejemplo y como decíamos antes, con que estrenaran El cuento de la Princesa Kaguya, y así todo el mundo podría comprobar las obras de arte que aún se pueden hacer con esa técnica. De momento habrá que conformarse con Marco Macaco.

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Ficha técnica:

Título original: Marco Macaco Director: Jan Rahbek Guión: Thomas Borch Nielsen, Jan Rahbek Música: Jonas Severin Kristensen Fotografía: Animación Distribuidora: Paycom Fecha de estreno: 02/10/2015