AMERICAN SNIPER

Quizá no haya nada más peligroso a la hora de ver cine que el prejuicio. Y Clint Eastwood siempre ha levantado muchos prejuicios. Lo hizo cuando empezó a ponerse detrás de las cámaras, poco importa que en sus primeras películas filmase un magistral western espectral como Infierno de cobardes, o una obra de inusitada sensibilidad como Primavera en otoño. Lo cierto es que Eastwood, que nunca fue un gran actor, levantaba suspicacias. ¿Cómo podía ese tipo con rostro impenetrable, que se tuvo que ir a Europa para labrarse un nombre, osar a aspirar a ser un autor? El tiempo le dio la razón, y poco a poco fue reuniendo un grupo de adeptos que fueron uniéndose al más clásico de los cineastas actuales para refrendarle como uno de los más grandes de la historia del cine. En los últimos años, los prejuicios han vuelto a jugar un poco en contra de Eastwood. Se ha labrado fama de no estar en su mejor momento (vil mentira, sigue tan en forma como cuando empezó) y, por si fuera poco, se ha vuelto a mirar con recelo su posición ideológica para atacar sistemáticamente a su cine, cuando Eastwood, conservador político, siempre ha sido un cineasta de ideas puramente progresistas.

Basta con ver el duro alegato antibelicista que lanzó en El fuera de la ley, o la poderosa y fuerte crítica lanzada contra Edgar Hoover en J. Edgar, al que ponía al mismo nivel que un dictador. Ya en su momento J. Edgar fue tildada injustamente de ser una película con un fondo fastizoide, algo que me hacía preguntarme si yo había visto la misma película que los demás. De nuevo, estas críticas se han vertido contra El francotirador, una película que tiene más de ese Eastwood progresista, de ese alegato antibélico filmado en El fuera de la ley, que de una exaltación del modelo bélico americano. Porque Eastwood parece tener los ojos más abiertos a sus ochenta y cuatro años que la mayoría de los espectadores, y aquí ha entendido a la perfección la enfermedad que provoca la guerra moderna, de una manera similar a la que hiciera Kathryn Bigelow en ese díptico sobre la adicción a la guerra que forman las fabulosas En tierra hostil y La noche más oscura.

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La película se acerca a la figura de Chris Kyle francotirador de los SEALS americanos, considerado el más letal en la historia. Lo hace adaptando sus propias memorias acerca de su experiencia en la guerra de Iraq. Desconozco como sería la visión de Kyle sobre sí mismo, pero lo que no puedo dudar es que Eastwood ha despojado a Kyle de toda heroicidad (más allá de tirar de imágenes de archivo reales en los créditos finales, lo único que puedo considerar políticamente censurable), para usarle como un arma para narrar los problemas de la sociedad americana.

El francotirador empieza con Kyle postrado en un tejado. Una mujer y un niño acaban de salir de una casa y la mujer ofrece una granada al niño que va a tirarla contra un tanque. Kyle es quién debe decidir si matar a ese niño. Eastwood corta ahí y nos empieza a contar como Kyle llegó hasta ese momento. Kyle es víctima de una sociedad que pondera la violencia, que cree, al igual que Estados Unidos ha creído en toda su belicosa existencia, que como el poderoso que es, debe intermediar en cualquier conflicto para salvar al que considera débil. En el propio Kyle se entiende porque Estados Unidos ha entrado en diversos conflictos aunque tuvieran poco que ver con ellos. No es una simple necesidad de protección, sino también de demostrar su poder a través de lo que consideran justicia. Estos problemas de educación han creado sobre él una visión distorsionada de la realidad. Al fin y al cabo, Kyle no es más que un enfermo, es un hombre que siente la huella de la guerra cuando vuelve a casa, pero no lo hace como otros soldados: horrorizado por lo que ha visto, sino que en su caso, su necesidad de salvaguardar a los demás hace que se fustigue continuamente por dejar el campo de batalla, único sitio en el que él es realmente feliz por el simple hecho de no estar cumpliendo el cometido para el que fue enseñado.

Esto, que podríamos considerar una grave enfermedad, hace mella continuamente sobre el personaje. Es incapaz de llevar una vida cotidiana normal por mucho que lo intente, su mente está obcecada por la violencia de la guerra. Por la doctrina de la educación ofrecida en un país que se cree el más fuerte, y que justifica el uso de la violencia desde la veneración a su bandera. La crítica que lanza Eastwood es feroz. Sí, por supuesto que la ideología de su protagonista, punto de visto central de la narración, tiene una tendencia ultraconservadora. Pero desde su mirada, Eastwood es lo suficientemente inteligente para ir hilvanando capas de reflexión acerca del sinsentido de la intervención estadounidense en los conflictos armados, y de la corrupción que ejerce sobre el soldado, que cuando cede a su enseñanza, es despojado de toda humanidad para ser convertido en un simple guerrero incapaz de ver un atisbo de personalidad en la figura de un enemigo, que para él es un simple salvaje equiparable a un animal en el bosque.

AMERICAN SNIPER

Desde la delicada complejidad de su protagonista, Eastwood aborda un filme bélico excepcional, que si bien sigue la estela de esa sequedad despojada de su lado heroico que ha tenido el cine estadounidense siempre que ha afrontado la guerra de Iraq, completamente lejana a los épicos retratos que vimos acerca de la Segunda Guerra Mundial (algo que Eastwood también supo esquivar a la perfección en el díptico Banderas de nuestros padres – Cartas desde Iwo Jima), jamás pierde el estilo de narración clásico, incluso acercándose al western fordiano, con el que Eastwood siempre ha impregnado su cine. Porque más allá de su cuidado y elaborado discurso político, El francotirador es ante todo una película entretenidísima, en la que el cineasta juega con la tensión y la maneja a la perfección en los principales clímax del filme. Todo además viene acompañado de la impresionante actuación de un hinchadísimo Bradley Cooper, que retrata a la perfección la completa locura que se apoderó de la mente de este señor, que era incapaz de distinguir el mundo real del campo de batalla. Resulta hasta divertido que se tilde a El francotirador de ser una película fascista, porque lo único que hace dicha afirmación es demostrar que Eastwood tiene aún una visión mucho más renovadora que aquellos que le acusan.

4.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: American Sniper Director: Clint Eastwood Guión: Jason Hall Música: Clint Eastwood, Ennio Morricone Fotografía: Tom Stern Reparto: Bradley Cooper, Sienna Miller, Luke Grimes, Jake McDorman, Kyle Gallner, Keir O’Donnell, Eric Close, Sam Jaeger Distribuidora: Warner Fecha de estreno: 20/02/2015