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Cuando Luc Besson comenzó su carrera había en su cine ciertas ínfulas de cine de autor, pero lo mejor que pudo hacer el francés fue asimilar que su cine era otro bien distinto. Así, a principios de los años 90, el director realizó películas tan interesantes como Nikita, Leon el profesional o incluso la injustamente tratada El quinto elemento. Quizá su declive empezó cuando de nuevo intentó ser mucho más que un simple director de acción, con aquel despropósito que era Juana de Arco, obra que, por supuesto, poco tenía que ver con las versiones de Carl Theodor Dreyer o Robert Bresson. Desde entonces, lo mejor que ha hecho el francés ha sido cuando se ha centrado en su faceta de productor y guionista con su compañía Europa corp. , de ahí han salido sagas tan fantásticas como las de Taxi, Transporter o Venganza, claras deudoras de las primeras películas de Besson, mientras que en su faceta de director trataba de hacer dios sabe qué con la saga de Arthur y los Minimoys y otras cosas por el estilo. Por suerte, parece que el galo se ha dado cuenta de que su mundo es otro, pero parece haberse perdido por incomprensibles derroteros que le alejan enormemente de sus primeros trabajos.

El año pasado ya lo intentó con Malavita, una fallida comedia de acción protagonizada por Robert De Niro, que sólo acertaba cuando en su tramo final se convertía en metarrefencial. Lucy su nueva película, que ha sido un inesperado éxito en Estados Unidos, trata de ir un paso más allá, metiendo una lectura inútilmente profunda sobre el uso que el ser humano le da al ser humano. En ella, una mujer que será usada como mula, recibirá una paliza que abrirá la bolsa que lleva en el estómago para sacarla fuera de Asia. Esta sustancia afectará a su cerebro, permitiéndole usarlo en su total capacidad. A partir de ese momento el destino de Lucy será cobrarse la venganza por su propia mano contra estos mafiosos. Una trama que sin lugar a dudas hubiera dado a una tópica pero entretenida película de acción. El problema es que todo esto dura cuarenta minutos, y exactamente ésa es la duración que tiene Lucy, porque una vez que esta trama se cierra, de forma completamente incoherente además, pero necesaria para poder continuar la película, es cuando la película se convierte en un inmenso disparate.

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Hay un extraño fetichismo que hace presencia en Lucy, . Es como si Besson sintiera una especie de malsana obsesión por su protagonista. Es algo que siempre ha estado presente en su cine, Besson siempre se enamora de sus protagonistas femeninas, aún hoy resulta turbadora la imagen de una pre-adolescente Natalie Portman, cantando Like a virgin en sujetador en Leon el profesional. Pero en Lucy esto va mucho más lejos, con una protagonista convertida en algo así como una auténtica deidad, origen de la mismísima existencia humana, y que trae consigo una especie de fetichismo de sumisión sadomasoquista que parece verdaderamente tonto. Pero es que Besson para justificar su completa obsesión usa casi una hora de metraje en la que todo vale para mostrar el poder de esta mujer convertida en toda una dominatrix capaz de hacer arrodillarse a sus enemigos con un simple gesto.

¿Y qué pinta Scarlett Johansson en todo esto? Simplemente, ella es Lucy. Cabe la duda de si la obsesión de Besson va dirigida hacia ella o a su personaje, pero está claro que el director usa la voluptuosa figura de Johansson como principal arma, la cámara parece acosar continuamente sus pechos, como si desease reposar en ellos. Y está claro que las instrucciones del director a su actriz se limitaban a indicarle que luciese la figura, porque Johansson carece de expresión sobre su rostro, es poco más que una muñeca hinchable ante la que el director acaba rendido. En definitiva, que Luc Besson es poco más que una versión de Michel Piccoli en Tamaño natural y Lucy su correspondiente amada.

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Lo peor de todo esto es que Lucy empieza siendo una película muy entretenida, mucha culpa de esto la tiene también ese fantástico actor coreano que es Choi Min-sik, y la venganza de su protagonista es realmente divertida. Incluso si esta historia se hubiera alargado un poco más para llegar a la duración de una película, realmente no habría importado, seguiríamos estando ante un notable entretenimiento. Pero parece como si a mitad de escritura Luc Besson se enamorase de su protagonista, se volviera sumiso, y recordando que él también puede ser un autor, decidiera rendirse a él. Y con ello también rinde la película al mayor de los bochornos, una estupidez fetichista que realmente Besson parece haber hecho para su propio onanismo.

Ficha técnica:

Título original: Lucy Director: Luc Besson Guión: Luc Besson Música: Eric Serra Fotografía: Thierry Arbogast Reparto: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt, Pilou Asbæk Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 22/08/2014