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No tenía el gusto de conocer a Eugenio Derbez, el cómico debe ser toda una autoridad en México. Husmeando sus créditos, lleva trabajando desde que apenas tenía diez años, desde entonces, un buen puñado de programas de éxito en la televisión mexicana, e incluso se llevó el rol latino en una comedia protagonizada por Rob Schneider, que no funcionó demasiado bien, pero que confirmaba que en Estados Unidos ya habían puestos sus ojos en él como reclamo para el público latino. Pero la prueba de su fama está, sin lugar a dudas, en el rotundo éxito que ha cosechado su debut tras las cámaras con No se aceptan devoluciones, no sólo en México, sino también en Estados Unidos pese a estar rodada en español. Cerca de 50 millones de dólares recaudó en terreno estadounidense, ocho millones en su primer fin de semana en menos de 400 pantallas. Números de escándalo para una película extranjera, que no hacía, si no más que confirmar, la popularidad de Derbez entre el público latino.

Pero más allá del idioma en el que la película esté rodada y la popularidad de su autor, lo cierto es que No se aceptan devoluciones es una película que estaba diseñada para funcionar a la perfección entre el público, y es que la cinta de Derbez es una película de fórmula milimétrica, pero usando todo tópico a su favor, de manera inteligente, sabiendo cómo ganarse por completo al respetable. La película cuenta la historia de Valentín, un mexicano mujeriego que tiene un piso de soltero en Acapulco y que se pasa la vida jurando amor eterno a todas las muchachas que pasan por su cama cada noche. La vida de Valentín cambiará por completo cuando una de sus amantes se presente para dejarle con el bebé que tuvo con ella y le abandone. Valentín viajará hasta Los Angeles para buscar a la madre de la criatura, pero acabará instalándose allí, trabajando como especialista de películas de acción y dando a su hija una vida soñada. Haciendo que este bebé cambie por completo la forma de ser de este hombre casi sin darse cuenta.

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La película de Derbez me cautiva desde el principio, siempre mantiene un tono de comedia ligera, realmente divertida. Pocos chistes son realmente brillantes, pero aún consigue llevarte a la carcajada desde el primer momento. Su gran hallazgo se encuentra en la notable manera en la que está narrada la relación de este hombre con su hija. La tesis que hace sobre la paternidad, sobre la influencia que los hijos tienen sobre sus padres, y la forma de la que estos son capaces de cambiarlos, realmente no es nada del otro mundo. Ni sorprende, ni inventa nada. Pero está contada de una forma realmente simple, humana, enternecedora. Cociendo poco a poco una película que deja los sentimientos a flor de piel, tejiendo con asombroso cariño, una historia que implica al espectador emocionalmente de cara a su última parte, dónde ésta vira a un melodrama, una vez más, tan tópico y usual, como inteligentemente usado. Porque sí, las herramientas que Dérbez usa para emocionar al respetable pueden sentirse facilonas, básicas, pero estamos hablando de una película que jamás oculta sus intenciones, que va siempre de cara con cuáles son sus propósitos, se acerca e incluso homenajea a otras piezas claves de ese cine tan evidente como pueden ser Kramer contra Kramer, Mi vida, La fuerza del cariño o incluso La vida es bella. No miente, ni oculta el tipo de película que es, y al final, con todo ello, consigue emocionar.

Y lo hace como las películas anteriormente comentadas, jugando de manera vil con los sentimientos del espectador, manejándolos a su antojo, y ahora es aquí donde lanzo mi pregunta ¿es esto realmente complicado? Como espectadores curtidos en mil y unas batallas, nos gusta que nos emocionen de manera sutil, que casi sin darnos cuenta en determinado momento rompamos a llorar, tan loable y complicado es esto, como lo que hace Derbez o lo que hacían James L. Brooks o Roberto Benigni, porque no es sencillo jugar durante dos horas con los sentimientos del espectador, llevarle por el terreno de las emociones por el que quieres viajar. Conducirle y guiarle en un viaje, señalado, pero nunca exagerado. Saber la medida exacta, el tramo correcto para no pararte a mandarle señales luminosas, dejarle que él lo acabe. Sí, se puede acusar a Derbez de que lo hace es facilón, pero no es algo sencillo hacerlo correctamente, y a él le funciona de maravilla, divierte y enternece.

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Es por esto que más allá de la popularidad de la que pueda gozar Eugenio Derbez, No se aceptan devoluciones es una película diseñada para triunfar entre el público, entre cualquier público. Porque es una película universal, hablada en un lenguaje global, hecha para fascinar al público de cualquier punto del planeta. Porque es una película que abandona cualquier lenguaje cinematográfico para rendirse al lenguaje de las emociones, pero al fin y al cabo, ¿hay algo menos cinematográfico que jugar con el espectador y emocionarle?

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: No se aceptan devoluciones Director: Eugenio Derbez Guión: Guillermo Ríos, Leticia López Margalli, Eugenio Derbez Música: Herminio Gutiérrez Fotografía: Martín Boege, Andrés León Becker Reparto: Eugenio Derbez, Loreto Peralta, Jessica Lindsey, Daniel Raymont, Alessandra Rosaldo, Hugo Stiglitz, Sammy Pérez, Arcelia Ramírez Distribuidora: Filmax Fecha de estreno: 30/04/2014