Lo más arriesgado que han hecho los programadores del Festival Cine-On en esta edición ha sido, sin duda, incluir en la Sección Oficial Amén, uno de los últimos trabajos del director surcoreano Kim Ki-duk, un maestro al que la mayoría de los cinéfilos aman pero que descolocó (y mucho) con este trabajo. Las primeras críticas no fueron nada alentadoras, se hablaba del peor trabajo del realizador, y muchos fans intentaron prolongar su visionado, pero como en cualquier situación había tanto detractores como defensores, y hubo quien la apoyó alegando que se trataba de uno de los trabajos más personales y artísticos del oriental. Amén llegó cuando KKD ya era en un icono del (gran) cine procedente de Corea del Sur, un hombre que ha demostrado con filmes Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera o Hierro 3 que el cine oriental tiene muchísimo que ofrecer, y que para hacer obras maestras basta con saber tratar una historia, y Kim Ki-duk sabe cómo hacerlo. El problema es que en Amén todo su talento, ese que demostró en cintas como Seom o Time, es (casi) imperceptible. Encontramos silencio, sí, como en muchas de sus obras, pero aquí todo se trata de manera tan diferente, abstracta y absurda, que cuesta prestar atención a lo que se muestra.

Amén se estrenó en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián en 2011, y desde entonces nada se ha sabido de ella en nuestro país. Aún con críticas que la tildaban de “gran y aburridísima decepción” y de “delirio”, en el Festival Blogger de Cine Inédito Online se atrevieron a presentarla en la Sección principal, y aunque a muchos les haya disgustado enormemente está claro que películas así invitan al debate, agudizan nuestro lado crítico y crean mucha polémica, algo que, al fin y al cabo, siempre se agradece. De no ser por este Festival una servidora no habría descubierto esta obra de Ki-duk, y aunque el resultado haya sido bastante negativo, conocer las distintas facetas de los autores que admiramos es algo que siempre se debe hacer. Amén no será la película que se lleve la unanimidad pero sí será la que más dé de hablar en el Festival Cine-On.

Kim Ki-duk ha rodado íntegramente en Europa su nueva película. Su cámara sigue la extraña e inquietante odisea de una joven coreana que llega a París en busca de una persona a la que tiene que seguir hasta Venecia y Avignon. Un misterioso personaje que se oculta tras una máscara la sigue a todas partes y la acosa sin cesar…

 

Rodada de una manera muy peculiar, el maestro surcoreano nos sorprende en Amén con un relato extraño que no conseguirá dejar impasible a nadie. De haber seguido la línea de sus primeros diez minutos, es muy probable que la película hubiera conseguido más adeptos, ya que ese tramo, aunque con evidentes fallos que dejarán atónito a más de uno (su malogrado sonido, sus movimientos de cámara, e incluso Kim Hye-na, que a pesar de la dificultad de su papel no consiguió interesarme lo más mínimo…), podría haber sido interpretado por algunos espectadores como una metáfora sobre la búsqueda incansable y frustrada de nuestra identidad que emprendemos día a día. Pero esa idea se diluye cuando el filme, aun manteniendo esa atmósfera de desolación que se palpa durante toda la cinta, divaga y se vuelve incoherente, con personajes muy mal definidos y escenas que no se sabe muy bien por dónde pillarlas. El montaje, el sonido y la manera en que el director decide desarrollar la historia son tema aparte. Es innegable que Kim Ki-duk ha hecho algo diferente, muy cercano a la realización amateur, casera pero que, por todo lo comentado anteriormente, está destinada al olvido. Porque además de la historia que nos ofrece, tan difusa como insulsa, la misma grabación, con escenas en las que se escuchan interferencias y el continuo movimiento de la cámara, aunque para algunos sea signo de realismo, para otros será tremendamente molesto.  

Muchos espectadores considerarán imposible conectar con la historia de Amén y otros entrarán en ella desde el minuto uno. Es evidente que Kim Ki-duk se ha alejado del cine que conocemos, ha hecho lo que ha querido, no ha seguido pautas, se ha dejado llevar, pero eso no siempre da buenos resultados… Amén será considerada por muchos la película “negra” de KKD y otros la pondrán en un pedestal, junto a sus obras maestras, pero lo que está claro es que llamará al debate no sólo ahora, sino siempre.

Lo mejor: Es el mejor ejemplo de cómo una película puede crear un (gran) debate.

Lo peor: Se le puede atragantar con facilidad a cualquiera…