El último año ha sido sin duda la consagración de Osgood Perkins como nuevo maestro del terror. Ha estrenado de forma consecutiva tres películas de terror muy diferentes entre sí y todas estupendas, y todas en menos de un año. Una hazaña al alcance de muy pocos. Después de la extraordinaria Longlegs (una de las mejores películas del 2024), estrenó este mismo año The Monkey, una película que mezclaba terror y comedia negra de una desquiciada forma tan divertida como perturbadora y ahora, con apenas unos meses de diferencia llega Keeper, su particular reinterpretación del amor tóxico a partir del clásico concepto de una cabaña en el bosque que esconde secretos verdaderamente terroríficos. Un genio si me preguntan.
En muchas ocasiones – y sobre todo en cuanto al cine de género se refiere – suele ocurrir que tu principal enemigo eres tú mismo, porque cuando despuntas con una de tus primeras películas o con tu ópera prima, ya luego esa película marcará la vara de medir de tus siguientes proyectos. En el caso del bueno de Perkins, Longlegs no fue su debut, ni mucho menos, pero sí fue su primera “gran película” de estudio que a efectos prácticos le presentó en sociedad. Eso en gran parte definió mucho la divisiva acogida que tuvo The Monkey, un título “menor” que era más una excusa para pasárselo bien que otra cosa y que en honor a la verdad resultó ser muy refrescante y gamberra. Ahora con Keeper vuelve a ponerse serio y lo hace desde otro lugar y coqueteando también con otros subgéneros de terror y con influencias del terror nipón que ya asomaba la patita en Longlegs.

Keeper parte de una premisa muy conocida pero en absoluto trillada, como es la de una pareja de novios que llevan relativamente muy poco tiempo y que deciden (por insistencia de él) celebrar su primer aniversario en una escapada romántica de fin de semana en una remota cabaña en el bosque que pertenece a su familia desde generaciones atrás. Una vez llegan allí nada es del todo lo que se esperaba y de repente Malcolm (Rossif Sutherland) no para de encontrar excusas pertinentes para salir repentinamente del aislamiento de la cabaña y dejar sola a Liz (Tatiana Maslany). Con cada ausencia premeditada de Malcolm, Liz se siente más y más sumida en una extraña melancolía que torna a pesadilla mediante la cual irá descubriendo escalofriantes presencias que habitan esa casa desde hace mucho más tiempo del que ella pueda siquiera imaginar.
Osgood Perkins filma su película más diferente con un presupuesto bastante bajo, en una sola localización y entre Longlegs y The Monkey, una sugestiva producción que se las apaña fantásticamente para atrapar al espectador y generar tensión y terror con algunas de las escenas más impactantes y sobrecogedoras de su filmografía. Keeper demuestra no solo el buen hacer de un director capaz de adaptarse a diferentes géneros aportando siempre algo nuevo y excitante a ellos, sino que además demuestra su capacidad innata para crear atmósferas únicas que de un modo u otro acaban por perturbar la atención del espectador y esto lo hace haciendo terror a partir de un ejercicio de una sola localización, algo que desde luego no es fácil. En ésta ocasión lo consigue gracias sobre todo a una entregada Tatiana Maslany que se hace con el control total de una película que habla de algo tan primitivo como el amor y el verdadero terror que surge cuando te das cuenta de que la persona que creías conocer es en realidad alguien mucho peor.

Keeper funciona como estupendo ejercicio de terror en torno a la toxicidad y a la total ausencia de la responsabilidad afectiva que tanto afecta a las relaciones contemporáneas, en un momento en el que bajo el lema de “ser uno mismo y dejarse fluir” pareciera que absolutamente todo está justificado porque después de todo nadie te obliga a enamorarte y perder la cabeza ¿no?
Perkins usa el catalizador de las relaciones románticas marcadas por la era del Tinder para construir una historia de terror que alberga sorprendentes parecidos con el inmortal cuento de hadas anti-romántico de Barbazul escrito por Charles Perrault allá por el año 1697, en donde reflexionaba sobre el peligro de los matrimonios concertados, a menudo entre jovencitas aún menores de edad y señores de la realza y burguesía feudal. Un relato que en las manos de Perkins parece volver a tomar vida leído con los códigos del terror contemporáneo y con exquisitas influencias del terror asiático (en concreto del nipón más perturbador e iconográfico) como un febril descenso a los infiernos ancestrales de una cabaña que conecta directamente lo que podría ser el infierno en la Tierra.

La última película de Osgood Perkins y escrita por Nick Lepard (guionista de la estupenda Dangerous Animals, cinta de terror australiana estrenada este mismo año en verano) es una muestra más de la inagotable habilidad de un director que no ha parado de mejorar su técnica y reconvertirse en uno de los autores de género más importantes y representativos del nuevo cine de terror. Quizá Keeper pueda ser vista como otra película “menor” dentro de su reciente y extraordinaria filmografía, pero aún así es un muy digno título a tener en cuenta por su impecable factura y por su malsana capacidad para generar pesadillas en el público desde una única localización. Una estupenda película para ver antes de irse a la cama y tener lindos sueños.
Título original: Keeper Director: Osgood Perkins Guión: Nick Lepard Fotografía: Jeremy Cox Reparto: Tatiana Maslany, Rossif Sutherland, Claire Friesen, Christin Park, Tess Degenstein, Erin Boyes, Birkett Turton, Eden Weiss, Logan Pierce, Gina Vultaggio, Glen Gordon, Evelyn Burke, Ella Wejr, Erin Tipple Distribuidora: DeAplaneta Fecha de estreno: 19/12/2025

