Empezamos el repaso a la Sección Oficial de la Berlinale con la española Nadie quiere la noche, de Isabel Coixet, un drama de época, como también es Queen of the desert, la última película del veterano Werner Herzog. Ambas han supuesto una decepción, pero en contraposición, también hemos podido ver el magnífico último trabajo de Andrew Haigh, 45 years. Además, le dedicamos un primer apartado a Panorama, sección dedicada a películas de mayores pretensiones artísticas, con la alemana Härte, de Rosa von Praunheim.

Nadie quiere la noche – La Berlinale quiere a Coixet

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Tras haber dado un giro temático el pasado año con Mi otro yo, y con Learning to drive aun por estrenar, Isabel Coixet vuelve a la Sección Oficial de Berlín tras Mi vida sin mí y Elegy, pero esta vez por la puerta grande, inaugurando el Festival con un drama emocional en torno a dos personajes que deben entenderse, del tipo que tanto le gusta a la directora. Contada como una fábula, la película habla de la esposa del explorador Robert Peary, una mujer rica y caprichosa, que a finales del siglo XIX se embarca en una peligrosa expedición en Alaska para reencontrase con él.

Coixet deja de lado su habitual estilo impostado y poético, para hacer un producto más impersonal, lo cual en este caso no es necesariamente negativo. Rodada con bastante gusto, la película flaquea por la parte del guión de Miguel Barros (Blackthorn). En el primer tramo, una digna Juliette Binoche sostiene el relato aunque cuesta conectar con ella y sus vivencias. Pero en cuanto aparece el ridículo personaje de Rinko Kikuchi (sus reflexiones filosóficas son bastante lamentables), el de Juliette Binoche se vuelve aún más excéntrico, y la relación que se establece entre ellas es de lo más disparatada.

Se supone que al final la película quiere ser un alegato de denuncia en torno a la situación de los esquimales y de la expropiación de sus tierras por parte de los occidentales. Pero lo que queda es una película tediosa, que tiende a la truculencia, aunque al menos se ahorra recrearse en la tragedia. Por todo esto, por su falta de pasión, que no despierta ni amores ni odios extremos, nos encontramos probablemente con la película más insustancial de la directora.

Queen of the desert – Amor en las dunas

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De exploradores y de un personaje femenino fuerte y resuelto nos habla también Werner Herzog en Queen of the desert. En ella se nos cuenta parte de la vida de Gertrude Bell, escritora, viajera y posteriormente política británica a principios del siglo XX, centrada en su travesía por Oriente, donde se sintió acogida como si fuese su hogar. Herzog quiere hacer un homenaje al cine épico clásico del estilo de David Lean, a través de una historia propia de una novela romántica. La película esboza el tema del colonialismo muy por encima, para centrarse en las relaciones, tanto sentimentales como burocráticas, de Bell con los diferentes hombres de su vida. De este modo, la supuesta independencia de esta mujer para Herzog parece estar siempre limitada por el poder masculino.

El director no aporta demasiada personalidad, haciendo un trabajo básicamente de encargo, y ni siquiera demasiado correcto, ya que hay aspectos, como la elipsis, que parece no dominar. Pero la película podría destacar por su cuidada ambientación, potenciada por la bella fotografía de Peter Zeitlinger, o la banda sonora, que, aunque está utilizada en exceso, nos trae de vuelta al mejor Klaus Badelt. Pero la cinta nunca logra superar su gran problema, que es un gran error de casting: no solo por Nicole Kidman, a la que es imposible creerse como una joven casadera en la primera parte, pero en la segunda más o menos mantiene el tipo. La cuestión es que todo el reparto tiende a la sobreactuación, cuando no a reírse directamente de sus personajes, como ocurre con Robert Pattinson como el homólogo femenino de Bell, el arqueólogo T.S. Lawrence. La química entre Kidman y un James Franco que parece recién salido de su papel en The Interview, es nula. Mejor llevada está la relación con Damien Lewis, aunque el actor está también afectadísimo.

Al final, Queen of the desert es un trabajo que despierta muy poco interés en cualquiera de sus aspectos, y que muy probablemente pasará sin pena ni gloria por la filmografía del director, así como por el Festival.

45 years – El terror cotidiano

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Si hace unos años Andrew Haigh sorprendía con Weekend, un drama intimista sobre una veloz historia de amor homosexual, el director inglés alcanza la madurez con 45 years; no solo por su argumento (una pareja a punto de celebrar su 45 aniversario), sino también por su tono: Weekend era espontánea, descuidada, correspondiente a la juventud y al poco tiempo que tenían juntos los protagonistas. Aquí, el ritmo se vuelve más pausado, acorde con ese matrimonio que va a ver alterada su pacífica existencia por un acontecimiento inesperado del pasado.

Con su ya personal estilo naturalista, Heigh se introduce en la intimidad de Charlotte Rampling y Tom Courtenay, como lo hacía en la de Tom Cullen y Chris New en su anterior filme. La película evidencia los problemas que puede generar la falta de comunicación. En un momento determinado, el personaje de Rampling (tras verla en una pequeña aparición el día anterior en The forbidden room, es un placer volver a tenerla aquí como protagonista devastadora), dice que no quiere seguir hablando del principal tema que a ambos les preocupa. A partir de esta negación, se desarrollarán inseguridades y frustraciones, inherentes a todas las personas, y que no nos abandonan con el paso del tiempo. De esta forma, alguien con quien convives se puede volver de repente un completo desconocido.

Sin duda, con su último trabajo, Haigh se ha revelado como un contador de historias nato, y como el mejor representante del actual cine realista británico. Se vaya o no de vacío, 45 years es ya por méritos propios, una de las grandes películas de esta Berlinale.

HärteEl hombre que no amaba a las mujeres

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El prolífico documentalista Rosa von Praunheim, miembro en sus orígenes del Nuevo Cine Alemán, y precursor del New Queer Cinema, cuenta la historia personal del karateka Andreas Marquardt, sin centrarse en su carrera como deportista, sino de su lado más oscuro, provocado por el descubrimiento de la sexualidad con su madre, que abusó de él desde sus primeros años. Esto le despertó un odio hacia las mujeres que le llevó a ser proxeneta. Bajo una capa de dureza, Marquardt se mostraba incapaz de mostrar sus sentimientos. De este modo, cuando conoció a la que hoy en día sigue siendo su pareja, Marion, su relación estuvo marcada durante mucho tiempo por un carácter destructivo.

La película empieza como un documental al uso, pero pronto se va a mezclar con la ficción, reconstruyendo todos los momentos del pasado de Marquardt, en blanco y negro y de forma minimalista. Los personajes que rodean a los protagonistas son meros estereotipos, pero el buen hacer de los actores Hanno Koffler y Luise Heyer hacen evolucionar a la pareja que interpretan, llegando a momentos de gran angustia. Con un tono a veces irónico, sin exagerar el dramatismo, aunque también sin ahorrarse brutalidad, Von Praunheim ha creado un filme interesante en su forma y su contenido, que tiene mucho más fondo del que pueda parecer a simple vista.