Muchos de nosotros creíamos que Al Pacino no volvería a interpretar grandes papeles después de protagonizar cintas de calidad cuestionable, cayendo en la vergüenza ajena en la mayoría de los casos como con su aparición en Jack y su Gemela. Hasta este año, donde el envejecido Michael Corleone ha vuelto a lo más grande presentando en Venecia dos cintas donde el ego, el mundo de la interpretación y Shakespeare son los temas principales, trabajando en manos de dos directores competentes: Barry Levinson y David Gordon Green. El primero, con el título The Humbling, se presentaba fuera de concurso logrando un entusiasmo general en la crítica, mientras que el segundo, Manglehorn, perteneciente a la Sección Oficial, no ha conseguido el mismo resultado que la cinta de Levinson pero se ha alabado el trabajo de Al Pacino

Venecia

The Humbling

Sobre una novela de Philip Roth (‘La humillación’), el responsable de películas como ‘La cortina de humo’ o ‘Rain man’ acierta a desnudar el drama hasta la más evidente de las carcajadas. En efecto, la gracia de toda la cinta reside precisamente en eso: la gracia de la desgracia. Nada tan divertido como fracasar. Aunque cueste darse cuenta al principio.

Lo que sigue podría ser el recuento crepuscular de bajas en una existencia que se acaba. Es decir, podría ser la gran tragedia cargante; algo que siempre alimenta el ego de todo actor con modales de mito. Podría ser, para aclararnos, una tortura existencialista. Pues no, una vez más, Levinson, al que se le suponía un carácter muy formal, sorprende. Y lo hace de forma tan sana como hace apenas un año lo consiguiera merced al heterodoxo y violento relato de terror ‘The bay’.

La actitud de Al Pacino, obvio es reconocerlo, ayuda. Lejos de él la tentación estomagante de hombre mayor intocable con la que hace apenas un año nos castigaba. No estamos delante de la enésima lectura sabia de un clásico por un hombre necesariamente sabio. Al revés, (…)el actor se entretiene en divertirse, en ridiculizarse, en entregarse desnudo.(…) Emociona ver a un gigante emocionado.

Luis Martínez (El mundo)

Así, el director firma una obra extraña y envolvente, que al igual que en Birdman, pero mucho más sugerente e íntima, entre las líneas de un guión tan incisivo como absurdo, la crítica a la industria está también presente, sin faltar tampoco la dirigida al público. (…) Levinson consigue extraer (…)la mejor actuación de un Al Pacino que controla a su personaje y hace bailar al resto de actores a su compás, sin concederles, ni tan siquiera a la joven Greta Gerwig, un mínimo espacio que le pueda hacer sombra.

The Humbling, así pues, por su planteamiento a la hora de adaptar los tres actos de la novela de Roth, por su montaje, y por el papel de Pacino, es una de las mejores películas que hemos visto en Venecia 2014.

Arantxa Acosta (Cine Divergente)

‘The Humbling’ suena a peli-terapia. La historia de un actor decrépito que ve como su talento interpretativo está llegando a su fin es un espejo de la carrera de un Al Pacino venido a menos. Atmosféricamente confusa, la película divaga entre el pesadillesco drama crepuscular y la comedia excéntrica que encuentra en su imperfección, el perfecto asidero de fascinación.

Adrían Peña (Ecartelera)

The Humbling’ de Barry Levinson –el director de ‘Sleepers’ o ‘La cortina de humo’– es una muy extraña adaptación de la novela de Philip Roth. Mientras que el texto del autor de ‘Pastoral americana’ se presenta como una serena y grave exploración del ego y la mortalidad, la película de Levinson va dando tumbos entre el drama carnavalesco, la comedia burlesca y el delirio onírico. Es como si las lúcidas reflexiones de Roth acerca del patetismo inherente a la vejez fueran filtradas y proyectadas sobre la pantalla por la mirada trastornada del protagonista. Así, la cámara bamboleante de Levinson–que tiene como único referente el cuerpo abatido y los andares paquidérmicos de Pacino– y la artificiosa iluminación construyen una visión subjetiva del delirio mental del protagonista. De hecho, ‘The Humbling’ fluye casi como un flujo de conciencia: una fantasmagoría en la que Axler batalla contra unos demonios interiores que se manifiestan a través de tramposas alucinaciones. ‘The Humbling’ es una película difícil de clasificar: podría tratarse de un híbrido genial de tragedia y farsa, aunque lo más probable es que se trate de un film grotesco que se presta a la lectura kitsch.

Manu Yáñez (Fotogramas)

Teatro y vida en The Humbling, adaptación de la novela La Humillación de Philip Roth, en la que Al Pacino, que interpreta a un actor veterano en plena crisis emocional enfrentado al final de su carrera y de su vida, aprovecha la oportunidad que le da Barry Levinson para lucirse en el que su mejor papel de los últimos años, perfectamente secundado por Greta Gerwig y con una Dianne Wiest excelente en plan robaescenas. Teatral, histriónica, intensa y muchas veces al borde del ridículo, The Humbling parece a veces el choque de tres personalidades que no siempre se complementan. Por un lado, el propio texto de Philip Roth. Por otro, la puesta en escena de Barry Levinson. Y finalmente, la del propio Al Pacino que no quiere dejar pasar la oportunidad de lucirse.

Carlos Elorza (El café de Rick)

Manglehorn

Gordon Green se acerca al personaje a través de una puesta en escena que, por una parte, da margen de maniobra al show de Pacino, pero que en paralelo emplea un torrente de sucios efectismos –montajes entrecortados, cámaras lentas, uso de filtros de colores– que deben ayudar al espectador a percibir el progresivo colapso interior del personaje. En ciertos momentos, ‘Manglehorn’ evoca el imaginario de ‘Umberto D’, el gran film neorrealista de Vittorio de Sica–sobre todo en la entrañable relación entre el personaje de Pacino y su gata–; sin embargo, la película se aleja del humanismo por culpa de un regodeo casi cruel en la miseria del protagonista y un moralismo expresado en el reparto de castigos y redenciones que contiene el guión de Paul Logan.

Manu Yáñez (Fotogramas)

‘Manglehorn’ es la historia de un perdedor. A su manera recuerda a Lion, a Johnny, a Carlito, a Serpico, a Sonny Wortzik o al propio Ricardo III. Todos ellos, generalizando mucho, seres arrastrados por un destino que les puede. Todos, además y de forma irrespirable incluso, Al Pacino.

Al Pacino más que ocupar la pantalla se la compra. Toda ella es él. Gondon Green simplemente se limita a seguir puntual el rastro de cada derrota, de cada escrita sin destinatario. Con brillantez, con un declarado amor a cada detalle, a cada vacío, la cámara se mueve como un batiscafo en lo profundo de lo profundo. Con sinceridad, sin forzar el pulso, sin dejarse arrollar por lirismo fingidos o gestos vanos. En corto: arrebatadora. Todos en pie.

Luis Martínez (El mundo)

David Gordon Green se aleja de nuevo de las comedias que le han puesto en el punto de mira y plantea sobriamente la historia de Manglehorn, permitiéndose no obstante pequeños cambios de formato, como alguna escena granulada, con imágenes superpuestas, voz en off del protagonista, para representar el caos mental y confusión de un hombre que, años después de alimentar su obsesión (…) La propuesta planteada para alguna secuencia nos ha recordado a Spring Breakers (2013), pero es posible sea por contar con su director, Harmony Korine, como secundario de lujo, uno de los pocos que sí logran tener su momento de gloria (nos ha decepcionado lo poco aprovechado del papel de la cajera de banco… ¿para eso se necesita la participación de Holly Hunter?). Las escenas conjuntas Pacino/Korine son sin duda las más destacables del film.

Así que Manglehorn se sustenta exclusivamente por su actor principal, siendo el resto del film poco destacable si no contase con esta gran baza que es Al Pacino, y menos cuando se evoluciona poco a poco hacia un estado de típica tv-movie (entendiéndose como edulcoramiento gradual innecesario) que no nos acaba de convencer.

Arantxa Acosta (Cine Divergente)