Mil maneras de morder el polvo – Saturday Night West | La Cabecita

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El humor de Seth McFarlane es de los más particulares que a día de hoy pululan en Hollywood. Entre el absurdo de los Monty Python, la escatología más burda y el toque ácido de Ricky Gervais, McFarlane ha conseguido crear un híbrido de gran personalidad que le ha convertido en uno de los grandes referentes de la comedia americana actual. Adalid de lo políticamente incorrecto, no es de extrañar que su presencia como presentador de los Oscar el año pasado, donde incluso dedicó una canción a las tetas de las actrices llamada I saw your boobs, fuera censurada por el sector más puritano de la crítica. Con su estilo pulido en la animación televisiva, entre la irregular Padre de familia, y la sobresaliente Padre made in USA, sorprendió que el salto de McFarlane al cine fuera con una película de estructura bastante convencional como Ted, en la que, sin embargo, mantenía todos los rasgos que han hecho popular a su humor. Ted era en realidad una película familiar de estructura claramente ochentera, que parecía dirigida únicamente a los que se criaron en aquella época, con múltiples referencia a la cultura ochentera y llena de chistes groseros. Funcionaba muy bien, y sobre todo, era muy divertida.

Con su segundo largometraje, Mil maneras de morder el polvo, McFarlane, que también protagoniza, se acerca a lo que realmente esperábamos de él en un largometraje, un western que pretende ser una comedia loquísima, cercana al espíritu de Sillas de montar calientes de Mel Brooks, pero que por desgracia, no consigue cuajar en sus propósitos. El director se pone en la piel de Albert, un granjero de ovejas que siente haber nacido en la época equivocada, es un cobarde al que su novia le ha dejado por serlo. Para recuperarla se aliará con una recién llegada al pueblo que le enseñará a disparar para batirse en duelo con el nuevo novio de su amada y poder recuperarla. Por supuesto, se enamorará de su nueva amiga, sin saber que ésta es la esposa del mayor asesino del lejano Oeste.

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La pregunta más evidente que se viene a la cabeza viendo Mil maneras de morder el polvo es: ¿es una comedia buena por el simple hecho de hacer reír? Porque lo confieso, el humor de Seth McFarlane me encanta, no puedo resistirme a ver chistes de pedos y diarrea o, yendo más allá, a ver ovejas con pene. La película de McFarlane está llena de chistes que me resultan realmente divertidos, en ocasiones me parecen incluso brillantes, sin embargo, por mucho que me haga reír, no puedo dejar de pensar que es una pésima comedia. Porque los chistes de McFarlane, por muy divertidos que me resulten, funcionarían exactamente igual fuera del contexto en el que están, pero más allá de esto, cuesta tener la sensación de que estamos vislumbrando una comedia. Mil maneras de morder el polvo carece de timing cómico o de cualquier fuerza en el apoyo visual. Si viéramos la película sin escuchar sus chistes, raramente pensaríamos que estamos presenciando una comedia en lugar de un extraño híbrido de western romántico que, por si fuera poco, acaba resultando bastante cansino y aburrido.

Y es una lástima, porque la película perfila ideas que me parecen realmente brillantes, como el de esa prostituta a la que interpreta Sarah Silverman que pese a acostarse con una media de 15 hombres al día, no quiere acostarse con su pareja porque siente la necesidad de llegar “virgen” al matrimonio, ideas que por desgracia no acaban de perfilarse y nunca terminan de cuajar completamente. Precisamente, cuando mejor funciona la película es cuando McFarlane rompe con la narración para dar lugar al sketch fuera de contexto, aunque ni siquiera esto acaba de encontrar su forma como en otras obras del autor, referencias como las que tiene a Regreso al futuro o Django Desencadenado, la canción dedicada a los bigotes, o incluso la presencia de un Neil Patrick Harris que resulta hilarante cuando tira de la meterreferencia para dar pie a Barney Stinson, con momentos tan propios de su personaje en Cómo conocí a vuestra madre como la retaila de chistes en la que sólo él se ríe o incluso su “Challenge Accepted” funcionan, resulta realmente divertidos, pero no hacen más que dar más fuerza a la sensación de que McFarlane escribió los chistes antes de la película, y luego intentó darles forma de un largometraje que sencillamente es una mala comedia por muy divertida que resulte.

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Y como todo, el humor es algo muy personal, habrá quien salga completamente espantado de una película en la que si además no compartes el humor de pedos y tetas de su autor, no tiene absolutamente nada más reseñable, nada que te pueda sacar una simple mueca. Mil maneras de morder el polvo se puede traducir como la más agridulce de las risas. Dos horas riéndote que te aburren. Dos horas riéndote en la que sientes que la película es poco más que un espectáculo de stand-up comedy con temática western. Dos horas riéndote con una película que no pasa del nivel de un sketch de Saturday Night Live alargado hasta el letargo.

Ficha técnica:

Título original: A Million Ways to Die in the West Director: Seth MacFarlane Guión: Seth MacFarlane, Alec Sulkin, Wellesley Wild Música: Joel McNeely Fotografía: Michael Barrett Reparto: Seth MacFarlane, Charlize Theron, Liam Neeson, Amanda Seyfried, Sarah Silverman, Giovanni Ribisi, Neil Patrick Harris, Bill Maher, Wes Studi Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 04/07/2014