Seguramente muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez si los buenos de las películas de verdad son tan buenos y si los villanos son realmente tan insoportables. Dreamworks nos sacó de dudas el año pasado con un producto de gran belleza visual que prometía hacer las delicias de los espectadores.

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Viviendo a la sombra de un Pixar que en los últimos seis años no ha dado ni un solo respiro al estudio de Jeffrey Katzenberg, Megamind vino dispuesto a dar el golpe sobre la mesa y no renunciar a la victoria de un partido complicado

Puede que no fuese el mejor filme de animación de 2010. Tenía fuertes competidores como Toy Story 3 o Cómo entrenar a tu dragón pero lo importante era entretener con un producto diferente. Megamind nos relata la historia de un súpervillano (su entrada es lo que le diferencia del villano convencional) que durante toda su vida ha visto como sus intentos de conquistar Metro City se veían eclipsados por el héroe del momento, Metro Man. Pero el destino ha cambiado, Megamind vence a Metro Man y ahora la cuidad es suya, ya no hay héroe contra el que atentar. Es entonces cuando nuestro supervillano azul se plantea su razón de existir, ¿qué hará un villano sin un superhéroe? Megamind decide crear a Titán, un joven que por accidente se convierte en el defensor de Metro City, pero las cosas se complican y nada sale como debe de salir, ¿qué será de Megamind? ¿Y de Metro City?

A priori parece un argumento destinado únicamente al público infantil, pero hace tiempo que el cine de animación dejó de ser exclusivamente para los niños. Megamind es un caso de cine para toda la familia y que además deja igual o mejor sabor de boca en adultos que en los más pequeños. Quizá por eso algunos de sus chistes cuesten entrar en la inocencia de un niño pero aún así Megamind consigue con un guión ingenioso y una gran creatividad visual (con el 3D de por medio) superar las expectativas vertidas sobre él. El largometraje gira en torno a una historia de amor que en ningún momento empalaga. El doblaje es sencillamente inigualable y a pesar de que la historia (de amor) puede estar algo manoseada consigue destacar del resto por su rareza. Nadie nos había contado antes la historia de un supervillano y Tom McGrath lo ha hecho de la mejor manera posible. Parodia con la que sonreír y disfrutar del momento.

Al final y al cabo, el mal siempre pierde (¿o no?).